Aproximación al
estudio del envejecimiento.
El envejecimiento es un proceso continuo, universal e
irreversible que determina una pérdida progresiva de la capacidad de
adaptación. Se trata de un proceso intrínseco, dado que no es debido a factores
ambientales modificables. Además es heterogéneo e individual, ya que, aunque
cada especie tiene una velocidad característica de envejecimiento, la velocidad
de declinación funcional, varía enormemente en cada sujeto. A nivel biológico
existe una gran variedad de teorías que pretenden explicar el proceso de
envejecimiento, Goldstein y Reichel (1981) las han revisado extensamente y
finalmente las han dividido en dos grandes categorías, las estocásticas y las
no estocásticas.
Teorías estocásticas.
Las teorías estocásticas afirman que el proceso de envejecimiento sería el
resultado de la suma de alteraciones que ocurren de forma aleatoria y se
acumulan a lo largo del tiempo. Las teorías agrupadas bajo la denominación de
estocásticas, son también llamadas, teorías del “uso y desgaste”, y asumen que
el envejecimiento está causado por la acumulación de daños del ambiente. Estos
daños van aumentando progresivamente hasta que son incompatibles con la vida.
No obstante, hay datos que parecen contradecir esta perspectiva teórica, como
es el hecho de que el ejercicio moderado y continuado, aunque conlleva un mayor
uso y desgaste del cuerpo, no acelera el proceso de envejecimiento, sino que a
la luz de los resultados existentes, tendería a mejorar la calidad de vida y el
bienestar del adulto mayor, incluso cuando este está institucionalizado
(Piedras-Jorge, Meléndez y Tomás, 2010). Una de las teorías estocásticas más
populares, es la Teoría de los Radicales Libres (Denham Harman, 1956), que
propone que el envejecimiento sería el resultado de una inadecuada protección
contra el daño producido en los tejidos por los radicales libres. La
explicación a esta teoría radica en el hecho de que el oxigeno ambiental
promueve el metabolismo celular, produciendo energía a través de la cadena
respiratoria y como la utilización y manejo del oxigeno no es perfecta, se producen
radicales libres, que producen daño a su alrededor a través de reacciones
oxidativas. Este tipo de daño podría causar alteraciones en los cromosomas y en
ciertas macromoléculas como el colágeno, la elastina y los lípidos entre otros.
Aunque faltan más estudios para comprender a fondo el papel de los radicales
libres en el proceso de envejecimiento, lo que sí es claro, es el importante
papel que juega el daño producido por la liberación de radicales libres en
ciertas patologías relacionadas con el envejecimiento, tales como las
enfermedades cardiovasculares, el cáncer, las cataratas o la Enfermedad de
Alzheimer entre otras. Otra teoría estocástica sería la Teoría del error
catastrófico (Orgel, 1963), que propone que con el paso del tiempo se
produciría una acumulación de errores en la síntesis proteica, que en último
término determinaría el daño en la función celular. Se sabe que se producen
errores en los procesos de transcripción y translación durante la síntesis de
proteínas, pero no hay evidencias científicas de que estos errores se acumulen
en el tiempo. Por poner otros ejemplos mencionaremos dos teorías estocásticas
más que son, la Teoría del entrecruzamiento, que postula que ocurrirían enlaces
o entrecruzamientos entre las proteínas y otras macromoléculas celulares, lo
que determinaría el envejecimiento y el desarrollo de enfermedades dependientes
de la edad, como ocurre con las cataratas (las proteínas del cristalino sufren
glicosilación y comienzan a entrecruzarse entre ellas, lo que lleva a la opacificación
progresiva de éste); y la Teoría del desgaste, que propone que cada organismo
estaría compuesto de partes irremplazables, y que la acumulación de daño en sus
partes vitales llevaría a la muerte de las células, tejidos, órganos y
finalmente del organismo. Aunque la capacidad de reparación del ADN
correlaciona positivamente con la longevidad, estudios animales no han
demostrado una declinación en la capacidad de reparación del ADN en los
animales que envejecen, así que faltan aún más estudios para determinar si
realmente se acumula daño en el ADN con el envejecimiento.
Teorías no
estocásticas.
Según este grupo de teorías, el envejecimiento estaría
predeterminado. Proponen que el envejecimiento sería la continuación del
proceso de desarrollo y diferenciación, y correspondería a la última etapa
dentro de una secuencia de eventos codificados en el genoma. Hasta el momento
no existe evidencia en el hombre de la existencia de un gen único que determine
el envejecimiento, pero a partir de la Progeria (síndrome de envejecimiento
prematuro), se puede extrapolar la importancia de la herencia en el proceso de
envejecimiento. Estas teorías, también llamadas Programadas, engloban aquellos
fenómenos que se describen mediante un número limitado de variables conocidas,
que evolucionan exactamente de la misma manera en cada reproducción del
fenómeno estudiado. Además, sugieren que una serie de procesos del
envejecimiento están programados innatamente dentro del genoma de cada
organismo. Así, afirman que éste lleva grabado desde nuestro nacimiento cuál va
a ser la evolución de nuestro organismo hasta la muerte del mismo. Por tanto,
proponen que los genes tienen unas instrucciones claras y precisas que
controlan tanto el crecimiento y la maduración del ser vivo como su decadencia
y muerte. Una teoría dentro del grupo de las no estocásticas sería la Teoría
del Marcapasos, según la cual, los sistemas inmune y neuroendocrino serían
"marcadores" intrínsecos del envejecimiento. Su involución está
genéticamente determinada para ocurrir en momentos específicos de la vida.
Acorde con esta teoría, el timo jugaría un rol fundamental en el
envejecimiento, ya que al alterarse la función de los linfocitos T, disminuye
la inmunidad y aumenta, entre otros, la frecuencia de cánceres. Otra teoría
considerada dentro de este grupo sería la Teoría Genética, que destaca que el
factor genético es un importante determinante del proceso de envejecimiento.
Aunque aún no se conocen exactamente los mecanismos involucrados, si existe
evidencia sobre el control genético de la longevidad. Algunas de estas
evidencias serían apoyadas por datos como que existen patrones de longevidad
específicos para cada especie animal, que existe una mayor correlación en la
sobrevida entre gemelos monocigotos que entre hermanos, que la sobreviva de los
padres correlaciona con la de sus hijos y que en los dos síndromes de
envejecimiento prematuro (Síndrome de Werner y Progeria), en los cuales los
niños mueren de enfermedades relacionadas con el envejecimiento, hay una alteración
genética autosómica hereditaria. Un ejemplo más de estas teorías no
estocásticas sería la denominada Hipótesis de la Telomerasa. Los telómeros
parecen ser el reloj que determina la pérdida de la capacidad proliferativa de
las células. Los telómeros son los extremos de las secuencias de ADN, es decir,
el final de los cromosomas. La longitud de los telómeros desciende
progresivamente en las células que se dividen en el organismo, hasta que se
acorta a una longitud que no permite ninguna replicación más.

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