sábado, 4 de junio de 2016

Aproximación al estudio del envejecimiento.


El envejecimiento es un proceso continuo, universal e irreversible que determina una pérdida progresiva de la capacidad de adaptación. Se trata de un proceso intrínseco, dado que no es debido a factores ambientales modificables. Además es heterogéneo e individual, ya que, aunque cada especie tiene una velocidad característica de envejecimiento, la velocidad de declinación funcional, varía enormemente en cada sujeto. A nivel biológico existe una gran variedad de teorías que pretenden explicar el proceso de envejecimiento, Goldstein y Reichel (1981) las han revisado extensamente y finalmente las han dividido en dos grandes categorías, las estocásticas y las no estocásticas.
Teorías estocásticas. 
Las teorías estocásticas afirman que el proceso de envejecimiento sería el resultado de la suma de alteraciones que ocurren de forma aleatoria y se acumulan a lo largo del tiempo. Las teorías agrupadas bajo la denominación de estocásticas, son también llamadas, teorías del “uso y desgaste”, y asumen que el envejecimiento está causado por la acumulación de daños del ambiente. Estos daños van aumentando progresivamente hasta que son incompatibles con la vida. No obstante, hay datos que parecen contradecir esta perspectiva teórica, como es el hecho de que el ejercicio moderado y continuado, aunque conlleva un mayor uso y desgaste del cuerpo, no acelera el proceso de envejecimiento, sino que a la luz de los resultados existentes, tendería a mejorar la calidad de vida y el bienestar del adulto mayor, incluso cuando este está institucionalizado (Piedras-Jorge, Meléndez y Tomás, 2010). Una de las teorías estocásticas más populares, es la Teoría de los Radicales Libres (Denham Harman, 1956), que propone que el envejecimiento sería el resultado de una inadecuada protección contra el daño producido en los tejidos por los radicales libres. La explicación a esta teoría radica en el hecho de que el oxigeno ambiental promueve el metabolismo celular, produciendo energía a través de la cadena respiratoria y como la utilización y manejo del oxigeno no es perfecta, se producen radicales libres, que producen daño a su alrededor a través de reacciones oxidativas. Este tipo de daño podría causar alteraciones en los cromosomas y en ciertas macromoléculas como el colágeno, la elastina y los lípidos entre otros. Aunque faltan más estudios para comprender a fondo el papel de los radicales libres en el proceso de envejecimiento, lo que sí es claro, es el importante papel que juega el daño producido por la liberación de radicales libres en ciertas patologías relacionadas con el envejecimiento, tales como las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, las cataratas o la Enfermedad de Alzheimer entre otras. Otra teoría estocástica sería la Teoría del error catastrófico (Orgel, 1963), que propone que con el paso del tiempo se produciría una acumulación de errores en la síntesis proteica, que en último término determinaría el daño en la función celular. Se sabe que se producen errores en los procesos de transcripción y translación durante la síntesis de proteínas, pero no hay evidencias científicas de que estos errores se acumulen en el tiempo. Por poner otros ejemplos mencionaremos dos teorías estocásticas más que son, la Teoría del entrecruzamiento, que postula que ocurrirían enlaces o entrecruzamientos entre las proteínas y otras macromoléculas celulares, lo que determinaría el envejecimiento y el desarrollo de enfermedades dependientes de la edad, como ocurre con las cataratas (las proteínas del cristalino sufren glicosilación y comienzan a entrecruzarse entre ellas, lo que lleva a la opacificación progresiva de éste); y la Teoría del desgaste, que propone que cada organismo estaría compuesto de partes irremplazables, y que la acumulación de daño en sus partes vitales llevaría a la muerte de las células, tejidos, órganos y finalmente del organismo. Aunque la capacidad de reparación del ADN correlaciona positivamente con la longevidad, estudios animales no han demostrado una declinación en la capacidad de reparación del ADN en los animales que envejecen, así que faltan aún más estudios para determinar si realmente se acumula daño en el ADN con el envejecimiento. 

Teorías no estocásticas.
Según este grupo de teorías, el envejecimiento estaría predeterminado. Proponen que el envejecimiento sería la continuación del proceso de desarrollo y diferenciación, y correspondería a la última etapa dentro de una secuencia de eventos codificados en el genoma. Hasta el momento no existe evidencia en el hombre de la existencia de un gen único que determine el envejecimiento, pero a partir de la Progeria (síndrome de envejecimiento prematuro), se puede extrapolar la importancia de la herencia en el proceso de envejecimiento. Estas teorías, también llamadas Programadas, engloban aquellos fenómenos que se describen mediante un número limitado de variables conocidas, que evolucionan exactamente de la misma manera en cada reproducción del fenómeno estudiado. Además, sugieren que una serie de procesos del envejecimiento están programados innatamente dentro del genoma de cada organismo. Así, afirman que éste lleva grabado desde nuestro nacimiento cuál va a ser la evolución de nuestro organismo hasta la muerte del mismo. Por tanto, proponen que los genes tienen unas instrucciones claras y precisas que controlan tanto el crecimiento y la maduración del ser vivo como su decadencia y muerte. Una teoría dentro del grupo de las no estocásticas sería la Teoría del Marcapasos, según la cual, los sistemas inmune y neuroendocrino serían "marcadores" intrínsecos del envejecimiento. Su involución está genéticamente determinada para ocurrir en momentos específicos de la vida. Acorde con esta teoría, el timo jugaría un rol fundamental en el envejecimiento, ya que al alterarse la función de los linfocitos T, disminuye la inmunidad y aumenta, entre otros, la frecuencia de cánceres. Otra teoría considerada dentro de este grupo sería la Teoría Genética, que destaca que el factor genético es un importante determinante del proceso de envejecimiento. Aunque aún no se conocen exactamente los mecanismos involucrados, si existe evidencia sobre el control genético de la longevidad. Algunas de estas evidencias serían apoyadas por datos como que existen patrones de longevidad específicos para cada especie animal, que existe una mayor correlación en la sobrevida entre gemelos monocigotos que entre hermanos, que la sobreviva de los padres correlaciona con la de sus hijos y que en los dos síndromes de envejecimiento prematuro (Síndrome de Werner y Progeria), en los cuales los niños mueren de enfermedades relacionadas con el envejecimiento, hay una alteración genética autosómica hereditaria. Un ejemplo más de estas teorías no estocásticas sería la denominada Hipótesis de la Telomerasa. Los telómeros parecen ser el reloj que determina la pérdida de la capacidad proliferativa de las células. Los telómeros son los extremos de las secuencias de ADN, es decir, el final de los cromosomas. La longitud de los telómeros desciende progresivamente en las células que se dividen en el organismo, hasta que se acorta a una longitud que no permite ninguna replicación más.

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