Intervención psicológica en adultos mayores

SITUACIÓN DEL ADULTO MAYOR
A nivel mundial, la población adulta mayor ha aumentado
significativamente debido, principalmente, al aumento de la esperanza de vida y
la baja tasa de fecundidad (Popolo, 2001). En América Latina y el Caribe el
promedio de edad vivida en el 2005 era de 72,4 años y se espera que para el
2025 el porcentaje de población mayor de 60 años sea de 14,25% (CONPES,
2004).Específicamente, en Colombia para el año 2005, el 6% de las personas se
ubicaban dentro de la adultez mayor (65 y más años) (DANE, 2006). De esta
manera, se ha podido observar que el aumento de dicha población está
relacionado, como se mencionaba, con el aumento de la esperanza de vida, es
decir que durante los últimos años los avances científicos, tecnológicos y las
investigaciones médicas han contribuido a la disminución y control de
enfermedades infecciosas y agudas, ampliando así la cobertura de los sistemas
de salud y las mejoras en las condiciones sanitarias, (CONPES, 2004) lo que se
une a una nueva concepción del envejecimiento definido como “envejecimiento
saludable y activo”, que abarca los siguientes componentes: duración de la
vida, salud biológica y mental, eficacia cognitiva, competencia social y
productividad, control personal y satisfacción en la vida (Colegio Oficial de
Psicólogos, 2002). De esta manera, el envejecimiento poblacional ha originado
cambios no solo en las estructuras sociales, económicas y culturales de cada
país, sino también ha afectado las distintas áreas del adulto mayor (familia,
economía, salud, tejido social), llevando a que distintos países se cuestionen
temas relacionados con el trabajo y la jubilación, la calidad de vida, la
salud, el involucramiento social y la búsqueda de la seguridad económica de
estas personas (Jaspers-Faijer, 2005). A lo anterior se unen factores, tales
como los procesos migratorios, el paso de la familia extensa a la familia
nuclear y con esto una reducción del número de miembros que la componen, así
como también el nuevo rol femenino que incorpora a la mujer al mundo laboral, y
los procesos de separación, divorcio, que han llevado de una u otra manera a
que se limite la dinámica familiar y, por ende, la permanencia de los adultos
mayores con sus familiares (Fernández, 1992). En Colombia, específicamente la
Constitución de 1991, que consagró los derechos del adulto mayor, el
reconocimiento de sus diferencias y la necesidad de una protección especial y
una serie de garantías sociales, económicas y culturales, contribuyó a que los
organismos públicos y privados favorecieran por medio de sus acciones la
calidad de vida de esta población, especialmente de aquellos marginados,
reorganizando la ampliación y la cobertura de los sistemas de salud, pensiones
y riesgos profesionales, brindando así una seguridad social integral y
preocupándose por implementar programas que favorezcan el subsidio económico. En
América Latina entre el 40 y 60% de los ancianos no poseen ingresos, ni cuentan
con una pensión, además de la implementación de programas de alimentación
complementados con actividades de educación, cultura y deporte (Jaspers-Faijer,
2005). Actualmente, en Colombia los organismos del Estado ya tienen una mirada
integral del adulto mayor, y aunque las metas planteadas por la Constitución de
1991 no se han alcanzado en su totalidad, sí se han incorporado en sus
programas a los adultos mayores, particularmente desde el 2002, así como
también las universidades y centros de investigación han promovido y difundido
el conocimiento en el campo de la vejez y la asesoría a comunidades y
municipios (Jaspers-Faijer, 2005). Por ende, se hace un llamado a las instituciones
para que contribuyan al desarrollo de conocimientos y aptitudes que permitan
prestar asistencia a lo largo de la vida entera, pues es importante contribuir
a las necesidades específicas de cada población, mediante la continua
investigación que abarque al adulto mayor desde su integralidad (Peláez, 2005).
A nivel internacional ya se han originado planes dirigidos a aumentar el nivel
de calidad de vida del adulto mayor, como el Plan de Acción Internacional 2002
que tiene como objetivo que los adultos mayores continúen participando en el
sistema familiar, social, económico, cultural y cívicos, llevando a que estas
personas “desarrollen su potencial de bienestar físico, social y mental a lo
largo de toda la vida y participen conforme a sus necesidades, deseos y
capacidades” (Colegio Oficial de Psicólogos, 2002).
ESTUDIOS REALIZADOS
SOBRE PROGRAMAS DE INTERVENCIÓN EN ADULTOS MAYORES
Durante los últimos años, a causa del crecimiento de la
población adulta, disciplinas como psicología, medicina, gerontología,
sociología, entre otras, se han preocupado por estudiar diversas variables en
esta etapa del ciclo vital y por contribuir al desarrollo de teorías e
instrumentos que permitan un acercamiento integral al adulto mayor.
Específicamente, en el caso de la psicología, se pretende que los psicólogos
contribuyan con el diseño de medidas fiables que permitan una evaluación y
seguimiento de los programas de intervención y que se preocupen por emplear
estrategias que contribuyan al cambio conductual y a la promoción y prevención
de la enfermedad, optimizando el proceso de adaptación con intervenciones que
apunten a necesidades propias de la población y del contexto familiar y social
que lo rodea (Colegio Oficial de Psicólogos, 2002). Se puede observar que la
mayoría de los estudios dirigen sus objetivos a medir la eficacia de
intervenciones psicológicas en relación con la salud del adulto mayor, seguidas
de investigaciones relacionadas con los cuidadores de estas personas y de
variables psicológicas como tal. En relación con los programas de intervención
que apuntan a la mejora de la salud, se puede afirmar que la implementación de
un programa cognitivo-conductual, dirigido a adultos mayores, influía en los
cambios de variables psicológicas, como la ansiedad, la ira y la solución de
problemas en pacientes hipertensos contribuyendo a la disminución en los
niveles de presión arterial (Miguel-Tobal, Cano-Vindel, Casado & Escalona,
1994). Dichos resultados son similares a los de otro estudio (Moreno,
Contreras, Martínez, Araya; Livacic-Rojas, & Vera-Villaroel, 2006) en el
que el objetivo era evaluar el efecto de una intervención cognitiva-conductual
sobre los niveles de presión arterial en adultos mayores bajo tratamiento
médico, y se encontró que los niveles de presión sistólica y diastólica
disminuyeron después de aplicada la intervención, y resultó eficaz el empleo de
técnicas cognitivo-conductuales (relajación y respiración, reestructuración
cognitiva, psicoeducación, etc.) para el manejo de depresión, ansiedad, estrés
y hábitos conductuales y, por ende, en la regulación de la actividad del
sistema nervioso simpático. Así mismo, en relación con el abordaje de la salud,
otro de los estudios pretendió evaluar la aplicación de un programa de intervención
psicológica en pacientes con problemas cardiovasculares, mediante la aplicación
de diversas escalas (Escala de ansiedad y depresión de Leeds, Escala de
sensibilización/negación), entrevistas de evaluación y el diseño de un programa
de intervención que se basó en el empleo de técnicas de relajación y
respiración, ejercicio físico, educación y transformación de procesos
cognitivos; se obtuvo como resultado un locus de control interno mayor, más
sensibilidad hacia su enfermedad, disminución de la sintomatología depresiva y
ansiosa, así como también un aumento en la interacción con familiares. La
intervención contribuyó a que los pacientes tuvieran una mayor adherencia a la
dieta, disminución en el consumo de café y tabaco y aumentó el ejercicio físico
(Garcés, Velandrino, Conesa & Ortega, 2002). Por otra parte, los programas
de intervención también han sido dirigidos a los cuidadores de los adultos
mayores; uno de los estudios tenía como Ana Fernanda Rodríguez Uribe, Laura
Juliana Valderrama Orbegozo y Juan Máximo Molina Linde objetivo comprobar si
una intervención educativa con los cuidadores formales en habilidades de trato
y comunicación mejoran la calidad de vida del adulto mayor y del propio
cuidador. De esta manera se logró con la intervención que la calidad de vida de
los cuidadores aumentará, sobre todo en lo relacionado con los ciclos de sueño,
afrontamiento ante reacciones catastróficas del adulto mayor y comunicación con
el paciente (Castellón & Rodríguez, 2004). Con respecto al estudio de las
variables psicológicas se ha encontrado que el tema que más prevalece es el de
la calidad de vida del adulto mayor y el de depresión. Uno de los estudios que
hace referencia al primer tema se interesó por determinar la efectividad de una
intervención psicológica cognitivo-conductual para el mejoramiento de la
calidad de vida en viejos institucionalizados, y se trataron áreas como
autoestima, resignificación de la vejez, habilidades sociales, manejo del
tiempo libre y autocuidado, las cuales consideraron contribuían al mejoramiento
en la calidad de vida. Los resultados mostraron que, nuevamente, la
intervención cognitivo-conductual resulta efectiva; en este caso se logró un
cambio en la percepción de la calidad de vida, específicamente en lo
relacionado con el área física, psicológica y la autoestima (Uribe, Padilla
& Ramírez, 2004). Lo anterior se respalda con otro estudio en el que se
encontró que la calidad de vida estaba relacionada con variables como soporte
social, autonomía, salud mental, actividad físico recreativa y la percepción
subjetiva de calidad de vida; así como también con los niveles de depresión
(Mora, Villalobos, Araya & Ozols, 2004; Uribe-Rodríguez, Molina &
González, 2006). Finalmente, es importante resaltar el estudio realizado por López
y Rodríguez (1999), quienes diseñaron una propuesta de intervención para
ancianos deprimidos, y encontraron que dicho programa permitió que el 80,9% de
los adultos mayores que participaron superaran su estado emocional,
disminuyendo las ideas suicidas, mejorando las relaciones familiares y
construyendo redes de apoyo (Uribe-Rodríguez, Molina & González, 2006).
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