miércoles, 8 de junio de 2016

Envejecimiento con éxito.
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El estudio del envejecimiento desde una dimensión positiva ha despertado el interés científico en los últimos años, surgiendo una nueva línea de trabajo más centrada en el envejecimiento satisfactorio o exitoso que en las características de carácter exclusivamente patológico. Este cambio de perspectiva ha sido propiciado según Baltes (1987) o Gutiérrez, Serra y Zacarés (2006), a partir de tres influencias relevantes: la existencia de datos procedentes de los grandes estudios longitudinales, el desarrollo de las ciencias gerontológicas desde su aproximación a un modelo evolutivo contrario al modelo clínico decremental, y los cambios sociodemográficos que han variado la pirámide poblacional con un incremento significativo de la esperanza de vida y, con ello, de la población mundial de personas mayores. Estas tres influencias han modificado los planteamientos que con respecto al envejecimiento existían, mostrando una realidad diferente a la hasta ahora estudiada, de manera que en la vejez cada vez se vive más y en mejores condiciones. De esta manera, los parámetros del estudio y conceptualización del desarrollo hasta ahora establecidos se han reorientado hacia una nueva forma de entender la intervención con los mayores, puesto que ya no sólo se trata de poder vivir un envejecimiento normal, sino que se puede vivir un envejecimiento óptimo o con éxito. En los últimos años, se ha venido conformando un nuevo paradigma que ha venido tomando distintos nombres: “Healthy ageing”, “Ageing well” (Fries, 1989), “Successful ageing” (Rowe y Khan, 1998, Baltes y Baltes, 1990), “Competent ageing” (FernándezBallesteros, 1986, 2002a, 2002b; Schroots, 1995; Schroots, Fernández- Ballesteros y Rudinger, 1999), “Active Ageing” (OMS, 2002). Este nuevo planteamiento sobre el envejecimiento rompe con una tradicional visión negativa del envejecimiento, y como señalan Baltes y Baltes (1990), se orienta hacia la búsqueda de los factores y condiciones que ayuden a identificar el potencial del envejecimiento y a identificar las vías para modificar, en sentido positivo el envejecimiento. El envejecimiento con éxito es un concepto relativamente nuevo sinónimo de otros conceptos tales como envejecimiento «saludable», «activo», «productivo», «óptimo» y «positivo» (Fernández-Ballesteros, 2008). Estos conceptos emanan de la variabilidad extraordinaria en las formas de envejecer que Rowe y Khan (1987, 1997) redujeron, sintéticamente, a tres: envejecimiento «primario», «secundario» y «con éxito». Los cuales pasamos a describir a continuación. El envejecimiento primario, se refiere al de las personas que llevan habitualmente una vida activa en la comunidad, sin sufrir enfermedades o procesos patológicos diagnosticados. Está caracterizado por un deterioro orgánico gradual, fruto del efecto combinado de la enfermedad y del estilo de vida sobre el proceso de envejecimiento intrínseco, coincidente con el decremento común del estado de salud que usualmente se asocia con la vejez. Los sujetos que presentan este tipo de envejecimiento, no están exentos en su mayoría de algunas dolencias crónicas, pero las mismas no tienen gran impacto en su capacidad funcional, en tanto que se ha producido una adaptación exitosa en lo individual y lo social. Por tanto, este envejecimiento primario implica una serie de cambios graduales biológicos, psicológicos y sociales asociados a la edad, que son intrínsecos e inevitables, y que ocurren como consecuencia del paso del tiempo. Por otro lado, el envejecimiento secundario se refiere a los cambios que se producen como consecuencia de enfermedades, malos hábitos (nutrición, ejercicio físico, tabaquismo, etc.) o influencias ambientales, y que no forman parte del envejecimiento normal (por ejemplo, cataratas, enfermedad de Alzheimer) pero que, en algunos casos pueden prevenirse o son reversibles. Con respecto al envejecimiento con éxito, éste es considerado como un concepto multidimensional que abarca, trasciende y supera la buena salud y que está compuesto por un amplio conjunto de factores bio-psicosociales. A continuación haremos un breve repaso de algunas de las definiciones que sobre el envejecimiento con éxito existen en la literatura. Por su parte, Rowe y Kahn (1987) sugieren que el envejecimiento con éxito abarca mínimamente tres aspectos: baja probabilidad de enfermedad y de la discapacidad asociada, alto funcionamiento físico y mental y alta participación social. Sin embargo, otros autores enfatizan la valoración subjetiva y la satisfacción con la vida como elementos clave de un envejecimiento exitoso (Lher, 1982) e incluso otros, consideran como elemento clave la actividad y productividad social (Siegrist, Knesebeck y Pollack, 2004). Havighurst (1961), lo describió como un estado interno de contento y felicidad, partiendo de la hipótesis de que la transición a una edad avanzada desencadena una inestabilidad de la situación interna y externa, siendo la satisfacción el indicador de que la persona se ha conseguido adaptar al proceso del envejecimiento. Según Lehr y Thomae (2003), este criterio de un envejecimiento con éxito ha constituido el fundamento de las teorías de la desvinculación y de la actividad. Según Baltes y Baltes (1990), para definir el envejecimiento con éxito se hace necesario incluir indicadores de funcionamiento biológico, tales como la salud, y de funcionamiento psicológico, como salud mental, eficacia cognitiva, competencia social, productividad, control personal y satisfacción vital. Para autores como Baltes y Carstensen (1996), el envejecimiento con éxito viene definido por salud física y mental, habilidades funcionales, satisfacción con la vida, apoyo social percibido, y compromiso social. En la Enciclopedia de la Tercera Edad, Palmore (1995) se dice que una definición completa de un envejecimiento exitoso debe combinar la supervivencia (longevidad), salud (falta de discapacidad), y la satisfacción con la vida (la felicidad)". Carol Ryff (1989) de forma más general, postula que supone el funcionamiento ideal del individuo a lo largo del ciclo de la vida y Fisher (2002) establece que el envejecimiento con éxito ha de ser definido en términos de estrategias de afrontamiento o habilidades de “coping”. Desde una perspectiva quizá más médica, Vaillant y Vaillant (1990) define el envejecimiento saludable como aquel que mantiene una buena salud (ausencia de bebidas alcohólicas y depresión), el mantenimiento de relaciones familiares, junto con unas habilidades de afrontamiento a situaciones de estrés adecuadas. En la misma línea, Schulz y Heckhausen (1996) incluyen las siguientes variables: funcionamiento pulmonar y cardiovascular, ausencia de discapacidad, adecuada ejecución cognitiva, control primario y logros en los ámbitos físicos y artísticos. Existen otras definiciones que establecen no los resultados esperables sino el proceso a través del cual se consigue un buen envejecimiento. Así, por ejemplo, Williams y Wirths (1965) consideran que el envejecimiento con éxito es un proceso adaptativo que desarrolla capacidades de solución de dificultades y minimiza los efectos de los déficit y declives. Finalmente, la OMS define el envejecimiento activo como el proceso de optimizar las oportunidades de salud, participación y seguridad en orden a mejorar la calidad de vida y el bienestar en la vejez.

Podemos resumir diciendo que la salud, el funcionamiento físico y el funcionamiento cognitivo, emocional y social son los dominios más relevantes del envejecimiento con éxito. Por tanto el estudio del envejecimiento con éxito nos puede evidenciar la presencia de modos sanos de envejecer, y nos puede permitir conocer cuáles son los factores que evitan que la persona desarrolle un envejecimiento patológico y por tanto pueda conseguir una adecuada calidad de vida favoreciéndose así la presencia de niveles elevados de bienestar.

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