sábado, 18 de junio de 2016

La Valoración Geriátrica Integral.
 
La evaluación y el cuidado de paciente anciano mediante los sistemas tradicionales de evaluación clínica se han mostrado insuficientes, dado que enfatizaban casi exclusivamente las variables referidas al estado de salud, centrándose en medidas que especificasen las patologías y el nivel de deterioro como elementos clave para el estudio de las personas mayores (Fernández-Mayorales, Rojo, Abellán y Rodríguez, 2003). Así, nace el concepto de “Evaluación geriátrica integral o global” (Comprehensive Geriatric Assesment) como técnica de evaluación específica para el abordaje de la atención a la persona mayor. De este modo, si bien está demostrado que existe una clarísima interrelación entre la salud y las situaciones de dependencia, el contenido y forma de las intervenciones pueden ejercen un papel importante en el retraso de la dependencia concretamente. Así, intervenciones sanitarias eficaces en la mediana edad pueden prevenir la aparición de la dependencia en edades más avanzadas. Pero también, la mejora de los hábitos de vida contribuye significativamente a mejorar la esperanza de vida sin discapacidad, y, en los casos en los que la dependencia ya esta presente, la adaptación psicológica de la persona es esencial para el adecuado afrontamiento a esa situación, así como para mejorar su calidad de vida. La valoración geriátrica integral (VGI) o valoración geriátrica exhaustiva es "un proceso diagnóstico multidimensional e interdisciplinario, diseñado para identificar y cuantificar los problemas físicos, funcionales, psíquicos y sociales que pueda presentar el anciano, con el objeto de desarrollar un plan de tratamiento y seguimiento de dichos problemas así como la óptima utilización de recursos para afrontarlos (Kane y Kane, 1981; Rubenstein, 1987). De este modo, la VGI constituye una de las formas más razonables de aproximarse al anciano desde cualquier nivel de atención, siendo esencial su aplicación para mejorar la calidad de vida de los mayores. Se considera la VGI como la herramienta o metodología fundamental de diagnóstico global en que se basa la clínica geriátrica a todos los niveles asistenciales, aceptada su utilidad universalmente incluido nuestro país (Ribera y Cruz, 1991; Salgado y Alarcón, 1993). Destacando entre sus objetivos y propósitos los siguientes:

·  Mejorar la exactitud diagnóstica partiendo de un diagnóstico cuádruple (clínico, funcional, mental y social).
·       Descubrir problemas tratables no diagnosticados o no abordados previamente.
·        Establecer un tratamiento cuádruple adecuado y racional a las necesidades del anciano.
·       Mejorar el estado funcional y cognitivo.
·       Mejorar la calidad de vida.
·       Conocer los recursos del paciente y su entorno sociofamiliar.
·     Situar al paciente en el nivel sanitario y social más adecuado a sus necesidades, evitando siempre que sea posible la dependencia, y con ello reducir el número de ingresos hospitalarios y de institucionalizaciones.
·       Disminuir la mortalidad.


De este modo, la VGI, como forma de evaluación global, incluye la valoración estructurada de cuatro esferas: la clínica, la mental, la social y la funcional. Así, se ha demostrado su eficacia, incluso en diferentes ámbitos de actuación e intervención (hospitales de agudos, de media y larga estancia, interconsultas hospitalarias, centros de rehabilitación, asistencia domiciliaria, consultas de atención primaria, centros de día, residencias, etc.) dado que es capaz de optimizar los resultados de la evaluación médica tradicional porque esta valoración conduce a tomar acciones que la valoración en si no mejora, si no se toman las medidas adecuadas después. (Stuck, Siu, Wieland, Adams y Rubenstein, 1993; Ruipérez, Midón, Gómez-Pavón, González, Maturana y Macias, 2003). 

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