La
Valoración Geriátrica Integral.

La evaluación y el cuidado de paciente
anciano mediante los sistemas tradicionales de evaluación clínica se han
mostrado insuficientes, dado que enfatizaban casi exclusivamente las variables
referidas al estado de salud, centrándose en medidas que especificasen las
patologías y el nivel de deterioro como elementos clave para el estudio de las
personas mayores (Fernández-Mayorales, Rojo, Abellán y Rodríguez, 2003). Así,
nace el concepto de “Evaluación geriátrica integral o global” (Comprehensive
Geriatric Assesment) como técnica de evaluación específica para el abordaje de
la atención a la persona mayor. De este modo, si bien está demostrado que
existe una clarísima interrelación entre la salud y las situaciones de
dependencia, el contenido y forma de las intervenciones pueden ejercen un papel
importante en el retraso de la dependencia concretamente. Así, intervenciones
sanitarias eficaces en la mediana edad pueden prevenir la aparición de la
dependencia en edades más avanzadas. Pero también, la mejora de los hábitos de
vida contribuye significativamente a mejorar la esperanza de vida sin
discapacidad, y, en los casos en los que la dependencia ya esta presente, la
adaptación psicológica de la persona es esencial para el adecuado afrontamiento
a esa situación, así como para mejorar su calidad de vida. La valoración
geriátrica integral (VGI) o valoración geriátrica exhaustiva es "un
proceso diagnóstico multidimensional e interdisciplinario, diseñado para
identificar y cuantificar los problemas físicos, funcionales, psíquicos y
sociales que pueda presentar el anciano, con el objeto de desarrollar un plan
de tratamiento y seguimiento de dichos problemas así como la óptima utilización
de recursos para afrontarlos (Kane y Kane, 1981; Rubenstein, 1987). De este
modo, la VGI constituye una de las formas más razonables de aproximarse al
anciano desde cualquier nivel de atención, siendo esencial su aplicación para
mejorar la calidad de vida de los mayores. Se considera la VGI como la
herramienta o metodología fundamental de diagnóstico global en que se basa la
clínica geriátrica a todos los niveles asistenciales, aceptada su utilidad
universalmente incluido nuestro país (Ribera y Cruz, 1991; Salgado y Alarcón,
1993). Destacando entre sus objetivos y propósitos los siguientes:
· Mejorar la exactitud diagnóstica partiendo de un
diagnóstico cuádruple (clínico, funcional, mental y social).
·
Descubrir problemas tratables no diagnosticados
o no abordados previamente.
·
Establecer
un tratamiento cuádruple adecuado y racional a las necesidades del anciano.
·
Mejorar el estado funcional y cognitivo.
·
Mejorar la calidad de vida.
·
Conocer los recursos del paciente y su entorno sociofamiliar.
· Situar al paciente en el nivel sanitario y
social más adecuado a sus necesidades, evitando siempre que sea posible la
dependencia, y con ello reducir el número de ingresos hospitalarios y de
institucionalizaciones.
·
Disminuir la mortalidad.
De este modo, la VGI, como forma
de evaluación global, incluye la valoración estructurada de cuatro esferas: la
clínica, la mental, la social y la funcional. Así, se ha demostrado su
eficacia, incluso en diferentes ámbitos de actuación e intervención (hospitales
de agudos, de media y larga estancia, interconsultas hospitalarias, centros de
rehabilitación, asistencia domiciliaria, consultas de atención primaria,
centros de día, residencias, etc.) dado que es capaz de optimizar los
resultados de la evaluación médica tradicional porque esta valoración conduce a
tomar acciones que la valoración en si no mejora, si no se toman las medidas
adecuadas después. (Stuck, Siu, Wieland, Adams y Rubenstein, 1993; Ruipérez,
Midón, Gómez-Pavón, González, Maturana y Macias, 2003).
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