Sabiduría y envejecimiento
La búsqueda de la sabiduría es
tan antigua y universal como la humanidad misma. La sabiduría ha sido percibida
como el ápice ideal del desarrollo humano. El estudio psicológico de la
sabiduría es bastante reciente comparado a su estudio filosófico, si
consideramos que el mismo significado de la Filosofía es “ansia o búsqueda de
la sabiduría” sin pretender alcanzarla nunca. Siendo tradicionalmente por largo
tiempo una cuestión concebida por -y relegada a- la reflexión filosó- fica,
religiosa o espiritual, la sabiduría se ha restablecido como objeto de
investigación teórica y empírica en tanto constructo científico de las ciencias
humanas. Este ensayo no pretende ser una revisión histórica exhaustiva de la
literatura acerca de la sabiduría, sino que se focaliza en los avances
propuestos en las últimas décadas en la conceptualización científica y
evaluación psicológica de este constructo. En este sentido, primero, se
describe la significación del concepto sabiduría en la lengua hispana y en las
Escrituras Bíblicas. Segundo, se abordan las teorías implícitas y explícitas,
distinguiendo las teorías de la personalidad madura y las teorías de naturaleza
cognitiva. En éstas últimas se propone analizar dos perspectivas: 1. La
tradición neo-piagetiana y el modelo del estadio postformal; y 2. El enfoque
del Ciclo Vital, focalizando en uno de lo modelos dominantes en la actualidad:
el Berlin Wisdom Paradigm, y su propuesta de evaluación del conocimiento
relativo a la sabiduría. Tercero, se abordan los factores facilitadores de la
emergencia y desarrollo de la sabiduría en el ciclo vital y particularmente en
la vejez. Por último, se revisa la cuestión aun controvertida de la relación
entre sabiduría y edad.
El termino sabiduría deriva de
saborear. La palabra no estaba ligada en sus orígenes con la posesión de
conocimientos, sino con simplemente saborear, gustar y deleitarse de la verdad
y del anhelo de saber. Cuando se aplica a asuntos prácticos, la sabiduría es
sinónimo de prudencia y sagacidad. El Diccionario de la Lengua Española (Real
Academia Española, 2001) define este término como: - Grado más alto del
conocimiento. - Conducta prudente en la vida o en los negocios. - Conocimiento
profundo en ciencias, letras o artes, que se adquiere a través del estudio o de
la experiencia. - Noticia, juicio. - Prudencia, cuidado del comportamiento,
modo de conducirse en la vida.
En la Biblia ya se había declarado la riqueza
del camino de la sabiduría (Job 11:6)1 2, exponiendo una suerte de elogio de la
sabiduría en el libro de Job: “La sabiduría es mejor que las piedras preciosas”
(Job 28:18; Pr. 8:11); y de sus ventajas y beneficios para quienes la persiguen
en los Proverbios escritos por el sabio rey Salomón -conocidos como sapiencia o
El libro de la Sabiduría (Sociedad Bíblica Internacional, 2005). En ellos se
observa que la sabiduría no es una cualidad asociada a la edad y un atributo
exclusivo de la vejez: “Pero lo que da entendimiento [discernimiento,
sabiduría] al hombre es el espíritu que en él habita; ¡es el hálito del
Todopoderoso! No son los ancianos los únicos sabios, ni es la edad la que hace
entender lo que es justo (Job 32:7-9). No obstante, se reconoce el valor del
tiempo y la experiencia de la vida: “Entre los ancianos se halla la sabiduría;
en los muchos años, el entendimiento” (Job 12:12). El término sabiduría
utilizado en las Escrituras deriva del vocablo hebreo y arameo jokmâh en el
original que significa “pericia”, “sabiduría”, y del vocablo griego sophia,
refiriéndose a la cualidad de buen juicio desarrollada a partir de la
experiencia, la observación y la reflexión. La sabiduría es una función de la
mente educada, que los escritores bíblicos afirman que proviene del Señor (Job
28:20, 23, 27; Salmo 111:10; Daniel 2:20). Los evangelios (Lucas 7:34; Mateo
11:18) afirman que la sabiduría queda demostrada por los hechos y por los que
la practican; vemos aquí la referencia a la experiencia y a su carácter
pragmático. A la vez, se relaciona el uso de la sabiduría con el afrontamiento
de situaciones críticas y dificultades (Santiago 1:5, 6). Estas ideas, que a
menudo suelen pasarse por alto desde una mirada legalista y dogmática o bien
ligera de las Escrituras, lejos de mostrar a la sabiduría como una entelequia
mística, una verdad demostrativa o una cualidad propia de la divinidad,
desvinculada de la vida secular, la describen más bien en su complejidad y
riqueza pero a la vez profundamente relacionada con la orientación de la vida
humana, y el desarrollo del carácter de la persona sabia.
En una aproximación al estudio
psicológico de la sabiduría, Staudinger (2007) reconoce que la identificación
de la sabiduría con el pensamiento y el carácter de la persona ha sido el
enfoque predominante, identificando las características de las denominadas
“personas sabias”; sin embargo, éste es sólo una aproximación posible entre
otras. Los esfuerzos iniciales desde la Psicología en determinar formal y
sistemáticamente el contenido y las propiedades del fenómeno relativo a la
sabiduría, han sido en general teoréticos y especulativos. Por ejemplo, en 1922
el gerontólogo Stanley Hall (2006) en su clásico libro Senescence: The Last
Half of Life, definió la sabiduría como la emergencia de una actitud meditativa
y el deseo u orientación de aprender de las lecciones de la vida en la vejez.
La propuesta pionera de Erikson (1963) sobre el ciclo vital situaba la
sabiduría como una virtud emergente en el último estado de la vida. Estos
modelos aún no ofrecían suficiente precisión conceptual para una evaluación
científica, y contaban con escaso apoyo empírico. A fines del siglo pasado,
Clayton y Birren (1980) asociaron la sabiduría a un tipo de inteligencia capaz
de operar según los principios de contradicción, paradoja y cambio. Sternberg
(1990, 2001), Staudinger (1999) y Kramer (1990), coinciden en calificar a la
sabiduría como el intento de alcanzar un juicio moderado entre extremos, una
dinámica entre la duda y la certidumbre, un suficiente distanciamiento de la
situación-problema actual, y una coordinación equilibrada de la emoción, la
motivación y el pensamiento. Estos autores distinguen las respuestas sabias de
la comprensión inteligente, ya que ésta se refiere a aspectos formales y
descontextualizados; mientras que la sabiduría se refiere a un conocimiento
interpretativo acerca de las cuestiones difíciles del significado de la vida,
de la condición humana y la conducta social, de la incertidumbre de la vida y
de la limitación del conocimiento humano. La mayoría de los psicólogos
cognitivistas consideran a la sabiduría como distinta de las habilidades o
aptitudes intelectuales medidas por las pruebas de inteligencia; es concebida
más bien como un atributo de la interfase entre la personalidad y la
inteligencia (Staudinger, 1999), que puede ser desarrollado por la experiencia
de vida, pero difícilmente ense- ñado. De todas maneras, se trata de un
fenómeno complejo que desafía la investigación empírica, y ciertamente el
intento de aplicación de métodos y técnicas científicas modifica el fenómeno
bajo estudio. Consideramos que la revisión crítica de la delimitación conceptual
de este constructo requiere de una reflexión epistemológica y de un abordaje
metateórico. No obstante, algunos de los intentos de conceptualización,
operacionalización, evaluación y medición de este constructo han prosperado y
acumulado una interesante evidencia empírica que permite esclarecer y
comprender su génesis y su desarrollo, y su relación con otros fenómenos y
procesos psicológicos asociados. En este sentido, cabe señalar el esfuerzo,
recientemente publicado en The Gerontologist (Jeste et al., 2010), llevado a
cabo por un grupo de investigadores representativos en este campo de la
Universidad de California en San Diego, reunidos a fin de esclarecer la
significación y definir por consenso unánime a la sabiduría mediante el método
Delphi, incluyendo dos fases de investigación con consulta a investigadores y
expertos de universidades de diversos países, desde una perspectiva
multidisciplinar Se incluyeron un total de 53 afirmaciones relacionando y
discriminando entre sabiduría, inteligencia y espiritualidad. Acordaron en que
la sabiduría es una entidad o propiedad distintiva propiamente humana, que
involucra un conjunto de características: es una forma de desarrollo cognitivo
y emocional avanzado que es derivado por la experiencia, es una cualidad de la
personalidad, no común en la población, la cual puede ser aprendida, se
incrementa con el avance de la edad, es susceptible de medición, y no puede ser
inducida mediante métodos artificiales o fármacos. El estudio empírico de la
sabiduría ha progresado fundamentalmente bajo el paradigma cognitivo y la
Psicología Positiva (Seligman y Csikszentmihalyi, 2000; Scheibe, Kunzmann y
Baltes, 2008). Desde las últimas décadas observamos un renacer del estudio
científico psicológico de este constructo, propiciado, en parte, por los
avances en la investigación gerontológica y del curso vital, en su orientación
a la comprensión del potencial cognitivo en la vejez, de los aspectos
positivos, y de los dominios del funcionamiento intelectual que no parecen
demostrar una declinación o deterioro asociado a la edad. Esta observación
nuestra es compartida por Bundock (2009).
Hacia la conceptualización
científica y operacionalización de la sabiduría El concepto de “sabiduría”
(wisdom) ha despertado creciente interés en las ciencias del comportamiento y
del desarrollo humano, ya que es considerada el “pináculo” del desarrollo
humano (Baltes y Staudinger, 2000). Existen diferentes conceptualizaciones,
dando cuenta del carácter mutidimensional y multifacético de este constructo,
las cuales varían en términos del número, las cualidades, los componentes y la
significación de sus dimensiones, y a su vez, plantean distintos criterios para
su operacionalización y su evaluación y medición (Ardelt, 2003; Staudinger,
1999; Bundock, 2009; Greene y Brown, 2009; Sternberg, 1990). Tal es así que
Pelechano (2006) sugiere que existen diversas formas de sabidur- ía, aplicables
a distintos contextos de la vida y momentos evolutivos, no necesariamente
relacionadas entre sí y que requieren de instrumentación distinta para su
evaluación (conf. p. 303-304). En Psicología, se ha aproximado al constructo
sabidur- ía generalmente desde tres grandes perspectivas (Sternberg, 1990): -
La integración mente y virtud, que incluye la capacidad de resolver dilemas
reales y cotidianos. - El pensamiento post-formal, como un pensamiento
dialéctico y la posibilidad de una re-estructuración cognitiva y un
conocimiento excepcional. - El conocimiento pragmático y experiencial, que
supone el aprendizaje de experiencias de vida y resolución de crisis a lo largo
del curso vital, incluyendo el sentido común. Considerando las líneas teóricas
acerca del constructo sabiduría que se han perfilado en la literatura en el
campo de las ciencias humanas, éstas suelen agruparse en dos perspectivas
principales: teorías implícitas y teorías explícitas -como señalan Meléndez
Moral y Gil Llario (2004) en su artículo de revisión. No obstante, es posible
distinguir, a nuestro criterio, dos perspectivas explícitas claramente
diferenciales: 1. Las teorías de la personalidad madura y 2. Las teorías de
naturaleza cognitiva. En éstas últimas podemos reconocer dos enfoques: a) el
enfoque dialéctico-neoconstructivista, donde destacamos la tradición
neo-piagetiana y el modelo del pensamiento postformal, y b) el enfoque del
Ciclo Vital, acerca del conocimiento experto y la experiencia en el
funcionamiento adaptativo. Entre las teorías de la personalidad madura, unas
ponen el acento en aspectos personales, otras en aspectos reflexivos, otras en
lo cognitivo y otras en la complejidad e integración de múltiples aspectos,
factores y dominios interactuantes, tanto en cuanto a la emergencia como al
desarrollo de la sabiduría.
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