Dependencia y
envejecimiento.
El conocimiento sobre el alcance y circunstancias de la
dependencia, y de la discapacidad que la provoca, es importante por ser una
forma de analizar el bienestar global de una sociedad. Los diferentes avances
en el ámbito de la biomedicina, el aumento de la esperanza de vida y el estado
de bienestar han contribuido a que en el mundo occidental uno de los valores
más preciados sea la independencia y autonomía personal. Una de las primeras
aproximaciones al concepto de dependencia se produce en 1998 desde el Consejo
de Europa en su recomendación nº R(98)9 del Comité de Ministros a los Estados
Miembros, en el que se define la dependencia como «la necesidad de ayuda o
asistencia importante para las actividades de la vida cotidiana», o, de manera
más precisa, como «un estado en el que se encuentran las personas que por
razones ligadas a la falta o la pérdida de autonomía física, psíquica o
intelectual tienen necesidad de asistencia y/o ayudas importantes a fin de
realizar los actos corrientes de la vida diaria y, de modo particular, los
referentes al cuidado personal». Esta definición, que ha sido ampliamente
aceptada, plantea la concurrencia de tres factores para que se pueda hablar de
una situación de dependencia: en primer lugar, la existencia de una limitación
física, psíquica o intelectual que merma determinadas capacidades de la
persona; en segundo lugar, la incapacidad de la persona para realizar por sí
misma las actividades de la vida diaria; en tercer lugar, la necesidad de
asistencia o cuidados por parte de un tercero. Esa perspectiva también es
coherente con el planteamiento de la OMS y la denominada Clasificación
Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud (CIF),
adoptada durante la LIV Asamblea Mundial de la Salud (Organización Mundial de
la Salud, 2001), y que propone el siguiente esquema conceptual para interpretar
las consecuencias de las alteraciones de la salud (Querejeta, 2000; Vázquez,
HerreraCastañedo, Vázquez y Gaite, 2006):
§
Déficit en el funcionamiento (sustituye al anterior término “deficiencia”): es
la pérdida o anormalidad de una parte del cuerpo o de una función fisiológica o
mental. En este contexto el término “anormalidad” se usa para referirse a una
desviación significativa de la norma estadística (por ejemplo, la mediana de la
distribución estandarizada de una población).
§
Limitación en la actividad (sustituye al anterior término “discapacidad”): son
las dificultades que un individuo puede tener en la ejecución de las
actividades. Las limitaciones en la actividad pueden calificarse en distintos
grados, según supongan una desviación más o menos importante, en términos de
cantidad o calidad, en la manera, extensión o intensidad en que se esperaría la
ejecución de la actividad en una persona sin alteración de salud.
§
Restricción en la participación (sustituye el término “minusvalía”): son
problemas que un individuo puede experimentar en su implicación en situaciones
vitales. La presencia de restricciones en la participación la determina la
comparación de la participación de un determinado individuo con la
participación esperada de un individuo sin discapacidad en una determinada
cultura o sociedad.
§
Barrera: son todos aquellos factores ambientales en el entorno de una persona
que condicionan el funcionamiento y crean discapacidad. Pueden incluir aspectos
como, por ejemplo, un ambiente físico inaccesible, la falta de tecnología
asistencial apropiada, las actitudes negativas de las personas hacia la
discapacidad y también la inexistencia de servicios, sistemas y políticas que
favorezcan la participación.
§
Discapacidad: En la CIF es un término “paraguas” que se utiliza para referirse
a los déficits, las limitaciones en la actividad y las restricciones en la
participación. Denota los aspectos negativos de la interacción entre el
individuo con una alteración de la salud y su entorno (factores contextuales y
ambientales). La dependencia puede entenderse, por tanto, como el resultado de
un proceso que se inicia con la aparición de un déficit en el funcionamiento
corporal como consecuencia de una enfermedad o accidente. Este déficit comporta
una limitación en la actividad y cuando esta limitación no puede compensarse
mediante la adaptación del entorno, provoca una restricción en la participación
que se concreta en la dependencia de la ayuda de otras personas para realizar
las actividades de la vida cotidiana. Aunque la dependencia no es un fenómeno
exclusivo de las personas mayores, ya que puede estar presente en todos los
grupos de edad, si existe una estrecha relación entre dependencia y envejecimiento.
El número de personas con limitaciones en su capacidad funcional aumenta
conforme se consideran grupos de población de mayor edad, al mismo tiempo que
se ven afectados más intensamente por ellas. No es extraño, por ello, que la
dependencia se vea como un problema estrechamente vinculado al envejecimiento
demográfico, y que, algunas veces, se tienda a considerar la dependencia como
un fenómeno que afecta sólo a los mayores. A partir de la definición de
dependencia propuesta tanto por el Consejo de Europa como por la OMS en la
Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la
Salud, parece de suma importancia definir lo que se consideran actividades de
la vida diaria (AVD) para poder considerar si una persona se encuentra o no en
situación de dependencia.
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