Jubilación
y envejecimiento

La preparación para la jubilación constituye una estrategia
de protección social. Dicho concepto va más allá de la prestación económica que
reciba la persona luego de la jubilación. Proteger significa cuidar, con el
propósito de evitar o prevenir la aparición de situaciones que puedan resultar
desagradables o poner en peligro el bienestar de la persona. Muchos expertos la
consideran sinónimo de preservar, amparar y defender, escudar, resguardar y
salvaguardar; también se refieren a apoyar, favorecer y patrocinar. Está
vinculado con la imagen o representación social que prevalece con relación a la
vejez en el medio (Rodriguez, M. 2006). Desde la perspectiva gerontológica,
proteger es mas que evitar la aparición de compromiso o agresión para el
individuo. Se trata de velar por el disfrute pleno de esta etapa de la vida,
permitiéndole gozar de todos sus derechos como persona, con respeto a su
dignidad e historia de vida, así como su lugar en la sociedad. La protección
comprende una serie de acciones de diversa índole encaminadas a preservar y
optimizar la calidad de vida de las personas. Incluye en las acciones aquellas
dirigidas a prevenir situaciones que afecten la salud, la vida, la
independencia o derechos; evitar aparición de discapacidades o retrasarlas y
minimizarlas; estimular la creatividad que contribuya a dar sentido a la vida;
rescatar las capacidades funcionales que aún tengan posibilidades de
desarrollo; promover la conservación de la autoestima y facilitar su
integración social y productividad personal; preservar la participación e
interacción de las personas con su entorno familiar y social; promover una
representación más positiva de la vejez como un ciclo con posibilidades y con
experiencias y riquezas que pueden ser puestas a disposición de la sociedad y
que es de inestimable valor. Las acciones de protección involucran desde los
propios individuos hasta familias, instituciones, organizaciones, etc. pero por
sobre todo, es una responsabilidad colectiva de toda la sociedad hacia los
colectivos en situación de vulnerabilidad (Ej. ancianos, etc.). Serán
protegidos de nuevas situaciones; agresiones personales o colectivas;
complicaciones a situaciones ya existentes; pérdida de capacidades; abuso o
maltrato; abandono, discriminación o marginación. Las acciones de protección
deben encararse con un enfoque integral teniendo en cuenta el equilibrio que se
requiere (físico, psicológico, social y funcional). La protección abarca el
cuidado de todas estas áreas trascendiendo a las familias y al entorno. Para
alcanzar un buen envejecer es necesario que las personas se preparen a través
de un proceso que debe iniciarse desde las primeras etapas y a lo largo de toda
la vida.
La protección de las personas mayores implica un
cambio de concepción de la misma, debiendo pasar del mero cuidado al énfasis en
el derecho que tienen de ser promovidos con el propósito de mantenerse
integrados activamente en la sociedad. El colectivo de adultos mayores
constituye un grupo en acelerado aumento, con tiempo disponible, con 10 o 15
años de media de vida útil y productiva que socialmente se encuentran
marginados y desplazados (Cruz, A., Pérez, L., 2006). Dicho proceso puede
revertirse a través de acciones promocionales que contribuyan a la integración
y participación en la vida social y entre ellas se destaca las actividades de voluntariado,
a través de las cuales las personas mayores pueden continuar sintiéndose
útiles, activas y productivas constituyendo un estilo de vida saludable que
favorece la autonomía y contribuye al aumento de la autoestima. Las acciones de
los adultos mayores en beneficio de la sociedad suponen ventajas para la
sociedad, para las organizaciones, para los voluntarios y para los propios
adultos mayores. Estos poseen riqueza de conocimientos, actitudes, habilidades,
así como redes sociales, constituyendo un valioso capital humano para la
sociedad, y es a través de las actividades voluntarias donde se desarrolla una
oportunidad de utilizar esta riqueza de conocimientos, al mismo tiempo que
beneficia tanto al voluntario como a toda la sociedad (Cruz Roja, 1990).
Afrontamiento de la Jubilación La jubilación es un
acontecimiento importante en la vida de la persona; implica la elección de un
estilo de vida que no surge en un momento dado, sino que es un proceso continuo
de identificación de deseos, necesidades, desarrollo de planes, lo que
constituye la esencia de una correcta planificación de la jubilación. La
pérdida de la capacidad adquisitiva y de las habilidades o capacidades
personales, de la red de relaciones y de la propia identidad, son situaciones
estresantes; sin embargo, no todas las personas enfrentan situaciones de crisis
al dejar de trabajar y en caso de presentarse difiere en cada caso. Existen
muchos factores que condicionan el afrontamiento positivo o negativo así como
el logro de una adecuada adaptación. Entre ellos se destacan: el tipo de
trabajo realizado; nivel de ingresos; situación de salud; factores
psicológicos, físicos o sociales que inciden en la vivencia de la jubilación
(Reitzes y Mutran, 2004). Aquello que incide en forma más relevante es la
actitud con que la persona enfrenta la salida laboral, lo cual predispone a una
mejor o peor adaptación a la jubilación.
Proceso de adaptación a la inactividad laboral. El
cese de la actividad laboral produce diversos efectos. La jubilación implica un
proceso personal de adaptación a una nueva situación, donde existen
potencialmente efectos positivos y negativos para la persona. Existen
comportamientos que inciden en la adaptación que puede ser la aceptación a la
nueva situación, intentar cambiar esa nueva situación, renunciar a sus
intereses, aislarse de sus relaciones sociales, etc. Las actitudes negativas
influyen sobre la satisfacción general y las actitudes positivas promueven el
aprovechamiento de las ventajas de esta nueva etapa libre de obligaciones
laborales. Según Atchley, en el proceso de adaptación se suceden una serie de
fases que cada persona atraviesa y a su vez intervienen un conjunto amplio de
variables que condicionan y mediatizan dicho proceso por lo cual aparecen
importantes diferencias interindividuales.
Actitud ante la jubilación. Tiempo atrás la jubilación
constituía el símbolo del final de la vida. Luego pasó a ser el tiempo de la
vida para el cual la gente trabaja, concepto dominante hoy en día. Diferentes
investigaciones han demostrado que los trabajadores esperan con ansia el
momento de la jubilación. Ello no implica renunciar a una actividad que ha
llenado la existencia de la persona durante toda la vida adulta. Esta
transición requiere un proceso de preparación emocional del nuevo rol con
suficiente antelación que se denomina: socialización anticipatoria. Para que la
jubilación constituya una opción agradable desde el punto de vista psicológico,
Ekerdt hace hincapié en “mantenerse activo”.
La estructuración del tiempo existente durante la vida
laboral debe reformularse en la etapa de la jubilación. Múltiples
circunstancias laborales y sociales entre las que se destacan la formación, el
nivel educacional, el puesto de trabajo, etc., inciden en que la jubilación
constituya un motivo de satisfacción o de contrariedad. En ambos casos inciden
una serie de factores de orden material, de salud físico – psíquica, de
relaciones sociales que condicionan la adaptación. Ante el cambio que significa
la jubilación, surgen miedos (económico, sentimiento de inutilidad e
improductividad, pérdida de vínculos sociales, pérdida de status, falta de
ocupación del tiempo libre, retorno al hogar, etc.) que exigen en la persona un
proceso de reajuste tanto en lo individual, familiar y social.